Virgil Grant nada en el éxito de la legalización de la marihuana en California: su pequeño imperio consta de tres dispensarios, dos plantaciones y una línea de ropa... Todo ello una década después de ser arrestado precisamente por negociar con esta sustancia.
En su discreta tienda en Los Ángeles muestra sus más recientes innovaciones: una tetera recargable con infusión de CBD -la molécula no psicoactiva de la droga- o ungüentos presentados en bonitos frascos.
Arrestado en 2008 por las autoridades federales, Virgil, que es negro, pasó seis años en prisión. La hierba fue legalizada en una treintena de estados -en ocho más la capital Washington DC es legal su consumo recreativo-, pero a nivel federal es considerada una sustancia ilegal como la cocaína o la heroína.
Cifras de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU del inglés) señalan que 8,2 millones de personas fueron arrestadas por comercio o consumo de marihuana entre 2001 y 2010. Pero el número de arrestos de negros supera por cuatro el de blancos, a pesar de que el consumo es similar en ambos grupos raciales.
