Teniendo en cuenta el conservadurismo reaccionario que Donald Trump lleva imponiendo en el escaso año que lleva en la Casa Blanca, aĂșn resulta extraño pensar que en Estados Unidos la marihuana se haya convertido en un producto de consumo legal, al menos en nueve de los 50 Estados.
Tal vez, el inquebrantable espĂritu federal del paĂs pese mĂĄs que el poder concentrado por el presidente, algo que ha permitido a numerosas empresas dedicarse abiertamente a la producciĂłn y venta de cannabis para fines recreativos y no sĂłlo terapĂ©uticos. Pero, sin duda, lo que nadie preveĂa es que el negocio fuese tan rentable y es que, en el caso de MedMen, una start up fundada en 2010, se ha traducido en que su valor se haya disparado hasta los mil millones de dĂłlares.
Aunque 45 millones de dĂłlares parezca una gran suma, en realidad es casi impensable que el valor de una empresa fundada con ese capital en Los Ăngeles hace menos de ocho años se haya multiplicado por 22 en este tiempo. Basta para hacerse una idea de la progresiĂłn de MedMen que el año pasado haya vendido el 3 % del negocio por 30 millones a Captor Capital, un grupo inversor canadiense, cubriendo con ese porcentaje casi la totalidad de la inversiĂłn inicial y estableciendo aritmĂ©ticamente el valor milmillonario de su negocio.
